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José Diez García ( Director: 1956-1977)

José Díez García nace en Buiza, un pequeño pueblo de los Montes de León en el año 1915. Su infancia transcurre en un medio rural, alejado de los centros de cultura de la época, esto no es obstáculo para que desde pequeño muestre curiosidad e interés por el conocimiento.

Era el menor de una familia numerosa; sus padres y hermanos apoyaron siempre su deseo de estudiar.
Realizó sus primeros estudios en la escuela de su pueblo y el bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de León. El curso 1.930/31, transcurrió para él en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana (Cuba), donde se había desplazado en un viaje apasionante en barco, con escala en Nueva York, él solo y con quince años de edad. Nunca olvidó la alegría caribeña que impregnaba aquella ciudad.

Ya en España, terminado el bachillerato, comenzó la carrera de Magisterio en la Escuela Normal de León. Al terminar ejerció como maestro nacional en diversos pueblos de la misma provincia.

Trabajando como maestro se matriculó en los cursos comunes de la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Valladolid. Se hubo de trasladar a Madrid con el fin de completar allí la especialidad de Filosofía Pura, lo que logró en 1.942, a la edad de 27 años. Para sostenerse durante ese período, impartió clases particulares y vivió en sencillas pensiones y de esa experiencia provino su familiarmente conocida aversión por las albóndigas y a todo “relleno” por él considerado sospechoso.

Un año después, en 1.943, ganaría las oposiciones a Profesor Adjunto de Filosofía, siendo destinado al Instituto de Avilés, en Asturias.

Solo un año más tarde, obtuvo la Cátedra de Filosofía en turno libre. Y siguiendo el consejo de un amigo “vete a Cabra que es un pueblo andaluz muy bonito y alegre”, entre varias opciones eligió el Instituto Aguilar y Eslava de Cabra. Tomó posesión de su puesto de trabajo el 1 de diciembre de 1944.

Pronto se adaptó a la vida del pueblo y dado su carácter abierto se relacionaba con personas de toda edad y condición. Apenas dos años después de su llegada fue nombrado vicedirector del Instituto. En junio de 1.956 asumió la responsabilidad como Director del Instituto Aguilar y Eslava y Rector del Real Colegio de la Purísima Concepción, antiguo internado adjunto al Instituto. Permaneció en este puesto durante 21 años, cesando en él en junio de 1977.

Durante más de una década, simultaneándola con sus clases de Filosofía, se hizo cargo de la Cátedra de Inglés del Instituto.También sintió atracción por el mundo del Derecho y tras compaginar estudios y trabajo, obtuvo la licenciatura. En 1.952 ya era abogado.

Su integración en el pueblo de Cabra culminó al contraer matrimonio con una joven egabrense, vinculándose así también afectivamente a nuestra ciudad. Su compromiso con Cabra le llevó a aceptar numerosas responsabilidades en cargos públicos como: Concejal de Cultura y Presidente de la Asamblea Local de la Cruz Roja. Colaboró asiduamente en los medios periodísticos egabrenses, como El Popular y La Opinión.
A otro nivel, en revistas especializadas de Filosofía, como la Revista del Instituto Luis Vives, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, así como numerosas colaboraciones sobre temas diversos en la prensa local.
Personalmente, apuntó y publicó numerosas reflexiones sobre aspectos diversos de la enseñanza, en las que se encuentran ideas en plena vigencia hoy:

La preocupación por la relación no solo académica sino humana, entre profesor y alumno, su inquietud por el planteamiento equivocado del bachillerato de su época “no como una preparación del escolar para la vida, sino como una interminable serie de pruebas, una verdadera carrera de obstáculos, que desnaturaliza los fines de la enseñanza y agota al alumno en una permanente y estéril preparación de exámenes, no dándole tiempo para una reposada formación del criterio o para despertar inquietudes intelectuales”.

En la humanidad de José Díez había múltiples facetas, así su cariño y dedicación a la familia, su amor a la naturaleza, sus muchas aficiones (a la poesía, la fotografía, la música, el coleccionismo, etc.) ocupaban y enriquecían su escaso tiempo de ocio.

Pero la verdadera vocación de su vida fue la enseñanza y esto tiene reflejo en las hermosas palabras que sobre él escribió uno de sus primeros alumnos, el querido y entrañable egabrense D. Francisco de Asís Granados Atalaya:
“Era para mí el último profesor del Instituto que me ataba a mi pasado de bachiller y conmigo serán muchos los que sentiremos un hondo vacío cuando al pasar por Aguilar y Eslava recordemos su figura. (… )Quizás la tierra leonesa junto al sol egabrense pusieron esa pátina de oro viejo, a veces azafranado, de la dulzura que llevaba dentro de sí mi profesor de Filosofía. Quiso ser hombre, en el sentido del bien, de la caballerosidad, de la gentileza y todo ello porque para mi profesor de Filosofía el ser del hombre era lo fundamental.”

O en versos dedicados por el poeta egabrense Manuel Ruiz Madueño:
“(….)
A Don José Díez García
siempre me lo imaginaba,
por razones de su cargo
y de su prosa esmaltada
de sapiencia y de poesía,
cual silueta machadiana
que “iba soñando caminos”
del Instituto a su casa
de su casa al Instituto,
hasta que Dios lo llamara;
porque de señor que era
tenía la Gloria ganada
…y estos pobres versos míos
que hoy le dedico a su alma”.







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