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Antonio José Domínguez de la Fuente (Director-Rector:1863-1875, 1883-1884)

Por Real Orden de 11 de abril de 1863 se dispuso el cese del Presbítero D. Francisco de Paula de la Cruz y Priego en la dirección del Instituto local de Segunda Enseñanza de Cabra y se nombraba para este cargo, en comisión, a D. Antonio José Domínguez de la Fuente, y que tomó posesión definitiva, el 16 de mayo de ese mismo año.

Antonio José Domínguez ejercería como Director del Instituto de Cabra durante 12 años aproximadamente desde el curso 1862-1863 hasta el curso 1875-1876, que le sucedería en el cargo el ilustre latinista D. Luis Herrera y Robles, amigo y protegido de Juan Valera. Años más tarde como figura en su Hoja de Servicios que figura en el Archivo del Instituto, sería otra vez nombrado Director desde Noviembre de 1883 a julio de 1884, siete meses y catorce días más.
D. Antonio J. Domínguez , natural de Cantillana (Sevilla) era Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla con nota de sobresaliente y premio extraordinario. Doctor graduado en la Facultad de Filosofía y Letras con calificación de sobresaliente en virtud de los ejercicios practicados en la Universidad Central de Madrid. También curso estudios de Derecho en la universidad hispalense.

Desde 1854 hasta 1860, desempeño de forma gratuita las cátedras de Economía política y Geografía fabril y mercantil, y la de Gramática general en la Escuela Industrial Sevillana. En 1857, hizo oposición en Madrid a 12 plazas de Catedrático supernumerario vacantes en las Escuelas de Comercio de Madrid y de provincias, obteniendo el número 2 en orden de mérito entre los opositores aprobados.En 1860, accedió por oposición a Catedrático titular de la asignatura Geografía e Historia, ocupando el número 87 en el escalafón hacia 1891, llegando a conseguir el premio de antigüedad en el cuerpo de catedráticos de instituto.

Como profesor en el Instituto de Cabra, además de impartir la materias propias de su Cátedra de Geografía e Historia, desempeño ocasionalmente la Cátedra de Lengua Francesa, la de latín y explicó la asignatura de “Principios generales de Literatura”. Durante su mandato como Director del Instituto y Rector del Colegio de la Purísima Concepción (1862-1875) D. Antonio Domínguez tuvo que bregar con el proceso desamortizador y los roces que se produjeron entre la Junta de gobierno y Patronato y el Ayuntamiento de Cabra, por la forma en que realizaban los inventarios previos a las subastas y la valoración en base a esos bienes.

Es la época en la que se subasta por dos veces la finca de Mataosos, por un precio que perjudicaba ostensiblemente los intereses de la Fundación de Aguilar y Eslava. Pero el instituto-Colegio no tienen otra alternativa que la aceptación de los hechos consumados, procurando como señala acertadamente el profesor Camero Ramos, que en la asignación de rentas depués de haber subastado los bienes el estado sea lo más justo y benévolo posible a fin de que el Centro pueda costearse con desahogo, sin tener que recurrir como la mayoría de los institutos provinciales a las ayudas de las Diputaciones y Ayuntamientos.

En la Memoria del curso 1870- 1871, el Director Domínguez de la Fuente nos da cuenta de esa situación:
“El resultado de todas estas gestiones y de la liquidación indicada ha sido que sólo por los respectivos a la renta líquida que disfrutaba esta casa por la célebre finca de Mataosos y de otras vendidas últimamente, este establecimiento ha recibido en el año académico actual varias inscripciones que han venido a acrecentar su capital y sus rentas. (…) este Instituto-Colegio podrá, en adelante, hacer frente con desahogo a las necesidades siempre crecientes de la enseñanza y a las demás obligaciones del mismo.”

Como consecuencia se aumentaron más del doble las rentas de carácter perpetuo. Y con parte de ese dinero se realizaron importantes obras de enriquecimiento en el Instituto, como el embaldosado del vestíbulo y del claustro, la sustitución de la puerta de entrada de hierro por la actual, la reconstrucción de la escalera principal con finos jaspes, el cierre con acristalamiento de los 12 arcos de la galería del claustro, la conversión en jardín del patio que da a la calle del Instituto (que hoy es la plaza), y por último, la edificación del 2º piso en la crujía de la calle Santa Ana. En su comentada hoja de servicios se indica que durante su gestión llegó a colocar el Instituto de Cabra, que era uno de los últimos de España por la pobreza de su aspecto y de sus medios materiales, en uno de los centros principales de segunda enseñanza. La matrícula en esta época también aumentaría significativamente, siendo superior a la 27 institutos provinciales a pesar de su carácter local, hasta que en 1877 De igual manera, su Colegio de estudiantes internos se convirtió en uno de los más numerosos e importantes de España.Por su importante trabajo la Junta de Instrucción Pública y su Dirección General le expreso repetidos votos de reconocimiento.

Por último, D. Antonio J. Domínguez fue autor de numeroso artículos y discursos. Fue Juez de Tribunal en oposiciones a cátedra de Física y Química. Colaborador del Diccionario Universal de la Lengua Castellana, Ciencias y Artes. Y perteneció a varias corporaciones científicas y literaria, como la Real Academia de la Historia de la que fue correspondiente desde 1879.

Para comprender la importancia que como director tuvo D. Antonio J. Domínguez de la Fuente puede servirnos el siguiente hecho: en 1870 se planteó la declaración del Instituto de Cabra que era local de 2ª clase a que pasará a ser de 1ª clase con la misma categoría de los mejores Institutos de Madrid. Y según el proyecto de Ley para ello era inherente el aumento del sueldo del profesorado. Pues bien ,como diría en la Apertura de curso de 1870-1871, el director D. Antonio J. Domínguez “no atendiendo este claustro a su particular interés, sino inspirándose, por el contrario, exclusivamente en el del establecimiento, se apresuró a elevar una instancia a la superioridad solicitando que el Instituto de Cabra fuese comprendido en la nivelación proyectada, pero comprometiendose a la par para no gravar sus fondos y mientras no contase recursos suficientes para ello, a renunciar a favor del mismo al 33% de sus modestos sueldos.”

De esta forma el Director propiciaba que esta circunstancia económica no interfiriera en la subida de categoría, anteponiendo el interés general al propio del profesorado. Eran aquellos unos momentos complicados y de crisis política, y se necesitaban como ahora el sacrificio de todos. La gestión salió bien y finalmente, se consiguió el objetivo incluido el de la mejor rertibución de los docentes. Aquel generoso gesto mereció que el entonces Regente del Reino, Francisco Serrano y Domínguez, militar y político que encabezó “La Gloriosa” que derrocó a Isabel II, que fue Presidente del Consejo de Ministros de España con Amadeo I y que a la postre sería último Presidente de la Primera República Española, le tributará público agradecimiento por su proceder y desprendimiento.

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