El testamento de don Luis de Aguilar y Eslava se redactaba en la villa de Carcabuey en los últimos días de enero del año del Señor de 1679. Según todos los indicios el presbítero egabrense se encontraba en la vecina villa de la Subbética gestionando asuntos de su hacienda y patrimonio cuando le sobrevino alguna dolencia. Ante esta enfermedad Aguilar y Eslava consideró que lo mejor sería redactar su testamento, por lo que pudiera pasar. Y apenas unos días después fallecía en aquel frio enero de 1679. En nuestra sección de artículos destacados hemos situado un interesante artículo de Antonio Suárez Cabello que profundiza en el testamento de don Luis. Les recomendamos su lectura.
Allí quedó plasmada su voluntad para «fundar un Colegio para que estudiantes pobres, virtuosos y sabios en la gramática de la villa de Cabra aprendan Artes y Teología» y así surgía aquella institución que desde los últimos años del siglo XVII comenzó a educar como ya se hacía en otros colegios de Andalucía, modelo que sería tomado por Aguilar y Eslava para fundar esta institución.
Desde aquel antiguo Real Colegio de la Purísima de Cabra, la enseñanza y la atención a los colegiales internos fue una constante que ha permanecido en el tiempo gracias al propio patronato de la Fundación y al Instituto anexo que también lleva el nombre del fundador y que desde su creación en 1847 ha permanecido inalterablemente unido a la noble y modélica institución que ha sido reconocida, con toda su trayectoria con una de las Medallas de Andalucía que serán entregadas el próximo 28 de febrero en Sevilla.




