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10.12.17

Ricardo Molina: “Catedráticos como Carandell son honra y ejemplo permanente de la enseñanza oficial española”


Antonio Suárez Cabello

Artículo publicado con motivo del año literario ofrendado al autor pontanés, y donde se reseña lo que dijo de Juan Carandell y Pericay(1893-1937), en el artículo “Hombres que estudiaron la provincia: don Juan Carandell Pericay y sus investigaciones sobre la propiedad rural cordobesa” publicado en el Diario CÓRDOBA en 1935.

Se termina 2017, dedicado por el Centro Andaluz de las Letras, en su apartado Autor del Año, al poeta Ricardo Molina, a título póstumo, con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento (Puente Genil, 1917; Córdoba, 1967). Con estas celebraciones el CAL trata de recuperar y mantener viva la memoria del patrimonio intelectual andaluz.

Este acontecimiento me ha motivado personalmente para conocer la obra literaria de Ricardo Molina y colaborar en la difusión de la misma. Atrás quedó el acto de homenaje al poeta organizado por el S.E.P. de Adultos Moccadem Ben Muafa y la Delegación Municipal de Educación en la Peña Cayetano Muriel: un acercamiento al flamenco a través de los textos de Molina en los que desarrolló su investigación de este arte junto a Antonio Mairena. Los cantaores Pedro Barranco, José María Montes, Segundo Cazorla y Miguel Ángel Ropero, a la guitarra, pusieron el contrapunto al relato.

También en el tradicional homenaje a D. Juan Valera, ante su monumento en el Parque Alcántara Romero, evocamos a Ricardo Molina, en un breve esbozo, como ganador del Premio Juan Valera 1947, una colección de diez sonetos semblanzas de personajes de la obra del insigne egabrense.

Hoy, finalizando este año literario ofrendado al autor pontanés, queremos reseñar lo que dijo de Juan Carandell (1893;1937), geógrafo, geólogo y docente, al que hemos tenido la ocasión de conocer de forma profunda y entrañable en la exposición “El archivo del paisaje”, que durante meses se pudo contemplar en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Aguilar y Eslava.

Para Ricardo Molina, “catedráticos como Carandell son honra y ejemplo permanente de la enseñanza oficial española. Él nunca se adocenó en la calma de la cátedra poseída, después de ganado como trofeo en competición, tras unas oposiciones […] Nunca ingresó don Juan en el camino ancho de la enseñanza rutinaria ni fue jamás vencido por la inercia. Siempre trabajador, siempre investigador, siempre estudioso. Dominando varios idiomas, aprendiendo siempre, don Juan nos ha dejado importantes trabajos de investigación sobre Córdoba”. Son palabras que recojo del artículo que dedicó a Carandell en el Diario Córdoba.

Lo titula “Hombres que estudiaron la provincia: don Juan Carandell Pericay y sus investigaciones sobre la propiedad rural cordobesa”, y comienza nombrando a don Antonio Carbonell y Trillo de Figueroa (ingeniero de minas, uno de los máximos expertos en mineralogía de su tiempo, con numerosos trabajos de agricultura, zoología, paleontología y prehistoria), al que considera “geólogo andante por los caminos y paisajes provinciales”, igual que don Juan Carandell, del que dice: “alternó su quehacer docente con notables trabajos monográficos sobre cuestiones, las más varias, de la geografía humana, económica, social y física de nuestra provincia”.

Destaca de nuestro geólogo “su espíritu patriótico y español”, que respondía, en lo fundamental, “al ideal humanístico de la generación del 98”. Confiesa haber sido discípulo de Carandell y recuerda las lecciones del profesor: “Su clase de Geología en el Instituto de Córdoba se distinguía por la sabia armonía con que acertaba a conciliar en su ejemplar magisterio la más estricta especialización con el más universal interés de todo saber y todo arte”, subrayando que antes de inaugurar su magisterio en la cátedra cordobesa lo había regido en la de Ciencias Naturales en Cabra, “donde empieza sus estudios monográficos sobre la provincia”.

La segunda parte del artículo la dedica a comentar una de las publicaciones del catedrático que tiene entre sus manos: “Distribución y estructura de la propiedad rural en la provincia de Córdoba”, editado por la “Sociedad para el progreso social” (N.º 42, Madrid, 1934). Consta, según Ricardo Molina, de una introducción geológico-fisiográfica donde resume la estructura del suelo cordobés en tres unidades perfectamente diferenciadas: trozo de meseta ibérica, segmento de la depresión bética y segmento de las alineaciones subbéticas. Incluye en el trabajo, según indica, otro elemento privativamente andaluz: un sector del pliegue-falla del Guadalquivir.

Asimismo determina, aplicando a las regiones naturales cordobesas el “Triángulo de Osann”, el porcentaje agrícola y forestal de sierra, campiña y zona subbética, obteniendo una síntesis de los matices agrícolas correspondientes a cada región cordobesa. Le sigue, señala Molina, “una clara y aguda ojeada histórica a la propiedad cordobesa en su amplitud provincial, en la que se encuentran valiosos datos sobre la historia económica de nuestros pueblos”.

Del ensayo sobresale el capítulo concerniente a la extensión media de las fincas rústicas (lo considera interesantísimo). Va acompañado de un mapa “obra de Carandell, que fue excelente cartógrafo e ilustrador de sus propios trabajos”, enfatiza. “La propiedad rústica en relación con la población” es otro de los enunciados descritos. En él atiende a los temas de la propiedad arrendada y de la aparcería en la provincia de Córdoba.

“Valoración geográfica de la riqueza rústica” es la última sección que recoge el estudio y que ocupa el párrafo final del escrito de Ricardo Molina. Se ilustra ésta con un cartograma que da idea de la riqueza rústica de la provincia de Córdoba, llegando a la conclusión de que “Campiña y País calizo valen, agrariamente, más de seis veces más que la Sierra”.

Un ejemplar de esta publicación formó parte de la exposición “EL ARCHIVO DEL PAISAJE. Juan Carandell, geógrafo, geólogo y docente”, que hemos referido anteriormente. Pertenece al legado donado por la familia Carandell a la Fundación. Así que hemos tenido la oportunidad de poder examinar detenidamente las 30 páginas del libreto y escanear algunos dibujos para apoyar este recuerdo.

En una de las descripciones incorpora un fragmento de Juanita la Larga, la novela de D. Juan Valera: “Bravas serranías, alomadas unas veces, escarpadas otras; con extensos calveros de lapiez allá, con hondas navas aquí, pero siempre con las faldas hechas oasis, de los que tan delicadamente dijese Valera: Los gorriones, los jilgueros, las golondrinas y otras cien especies de pintados y alegres pajarillos salen a la Campiña, con el alba, a coger semillas, cigarrones y otros bichos con que alimentarse; pero todos anidan en el término de Villalegre, y vuelven a él, después de sus excursiones, para guarecerse en sus sotos y umbrías, para beber en sus cristalinos arroyos y acequias, para regocijar aquel oasis…”.

Datos estadísticos de Cabra recoge Carandell cuando habla de la estructura de la propiedad (las fincas sometidas a cultivo, en su modalidades: explotadas directamente, arrendadas y en aparcería). A Cabra se refiere a las tierras que se labran, en concreto en la “zona de país calizo”, e incorpora estos fundamentos: “superficie cultivada 21.945 hectáreas, superficie cultivada directamente 15.975 y hectáreas arrendadas 4.749”.

“Ricardo Molina, biografía de un poeta” de José María de la Torre (Córdoba, 1995) me llevó al artículo aludido (Diario Córdoba, 9 de julio de 1965), y la localización de una copia del mismo la debo a Juan Carandell Mifsut, nieto del geólogo. Esta publicación está firmada por Eugenio Solís, seudónimo utilizado por Molina en muchas ocasiones.

Aunque sea una digresión, y dada la actualidad del tema de Cataluña, me permito incluir aquí unas reflexiones que recojo de Eduardo Hernández Pacheco, geólogo, paleontólogo y arqueólogo español: “Carandell siempre conservó gran amor y afición a su tierra natal, a la que le atraía el encanto y belleza de su naturaleza. Muchos años pasaba en ella temporadas veraniegas, aunque ya sus padres no residían allí. Fue gran amante y admirador de Cataluña, pero de ningún modo catalanista en el sentido de desear la segregación de Cataluña del conjunto hispano, y en el cerebro el concepto de la perfecta unidad de orden geográfico de la Península hispánica”.


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