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15.10.17

Hace cien años (1917) llegó al Instituto de Cabra el profesor Juan Carandell y Pericay

LEANDRO SEQUEIROS
Catedrático (jubilado) de Paleontología
lsequeiros@probesi.org

Sus aportaciones al Museo del Instituto y sus estudios sobre la geología de Cabra y sus métodos docentes en la enseñanza de las ciencias naturales permanecen hasta hoy...


Al abrirse el curso 1917-1918 (hace ahora cien años), el nuevo catedrático de Historia Natural y Fisiología e Higiene del Instituto de Cabra, don Juan Carandell y Pericay, inicia su entusiasta tarea en este centro. Un relato detallado se encuentra en Vida y obra del geólogo y geógrafo Juan Carandell Pericay (1893-1937). (Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba, 2008, 600 pág), obra de los profesores Julián García García, Antonio López Ontiveros y José Naranjo).
Durante la primavera del año 1917 tuvieron lugar las oposiciones a Catedrático. Juan Carandell obtiene el número dos y elige el Instituto de Cabra. El joven Catedrático de 24 años tomará posesión de su plaza el 25 de mayo de 1917 con un sueldo anual de 3.500 pesetas y se dispone a iniciar sus clases para el curso 1917-1918.
La presencia en Cabra de Juan Carandell y Pericay dura diez fecundos años, entre 1917 y 1927, y fue crucial en la historia de este Centro. Confluyeron en estos años nuevas formas de enseñar las ciencias, así como un riguroso trabajo de investigación y de divulgación geográfica y geológica sobre nuestro entorno geográfico, geológico y humano.
Durante los diez años de estancia en Cabra, Juan Carandell y Pericay fue protagonista del Congreso Geológico Internacional de 1926 y dio un gran impulso al Museo, pero posteriormente la desidia y la penuria lo fueron deteriorando hasta que muy recientemente ha sido rehabilitado.

Juan Carandell Pericay (1893-1937): geólogo y geógrafo andaluz
Sus biógrafos lo denominan como “geólogo y geógrafo andaluz”, aunque había nacido en Cataluña. Juan Carandell Pericay nació en Figueras (Gerona) el 19 de enero de 1893. Muy joven perdió a su madre y a sus hermanas, quedando como hijo único del eminente maestro D. Gregorio Carandell y Salinas. El influjo de su padre es patente en la orientación profesional del joven.
Juan Carandell cursó en Figueras los estudios primarios y el bachillerato (21 de junio de 1909, con 16 años). Se matricula en la Universidad de Barcelona y obtiene el grado de Maestro de Primera Enseñanza en 1911 (con solo 18 años).
Con el objeto de abrir horizontes en la mente de su hijo, su padre pide el traslado a Madrid en 1912. Allí, Juan Carandell se licencia en Ciencias Naturales en 1913 y realiza la Tesis Doctoral en un tiempo record, bajo la dirección de otro gran geólogo: Don Lucas Fernández Navarro. El tema que Carandell desarrolló en su tesis doctoral fue el estudio de las calizas cristalinas de la Sierra de Guadarrama de Madrid y obtuvo la calificación se sobresaliente (1 de diciembre de 1914), cuando tiene 21 años.
Entre 1914 y 1915, trabaja como disecador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y es nombrado profesor encargado de las prácticas de Mineralogía Descriptiva y de Cristalografía en la Universidad Central.
Después del verano de 1915, Carandell solicita ser admitido a la oposición libre para cubrir la cátedra de Mineralogía y Botánica de la Universidad de Murcia, y a las plazas de Física, Química, Historia Natural y Agricultura de las Escuelas Normales de Pontevedra y Huelva. Pero al presentar la solicitud fuera de plazo, fue excluido. Primer fracaso que encaja con deportividad. En estos años, entre 1915 y 1917, Carandell cumplimenta el servicio militar mientras despliega una gran actividad intelectual e incluso ganar unas oposiciones a cátedra.
En febrero de 1916, Carandell dirige una instancia al Presidente de la Junta de Ampliación de Estudios para solicitar una ayuda para ampliar estudios de Geología en el extranjero, en los Museos y Universidades de Ginebra y Lausana y de Grenoble. Pero esta petición no es atendida. Segundo fracaso ante el que no se achica.
Carandell, entonces, firma las oposiciones, turno libre, para las cátedras de Historia Natural y Fisiología e Higiene de los Institutos de Cabra, Cartagena y Las Palmas. Tras los brillantes ejercicios de la oposición, obtiene el segundo puesto y elige el Instituto de Cabra. Carandell va a permanecer en nuestra ciudad diez años, entre 1917 y 1927. Entre los 24 y los 34 años. El paso de la juventud a la madurez.
En estos años estudia la carrera de Farmacia y abre la Farmacia Carandell. Por ello, en 1927 obtiene el traslado al Instituto de Bachillerato de la ciudad de Córdoba donde permaneció hasta poco antes de morir a la temprana edad de 44 años. Su esposa Silveria, entro otras cosas, ayudó a su marido en la traducción de la obra del geólogo americano W.M. Davis (el prestigioso geógrafo físico, al que se debe entre otras cosas, el Ciclo de Davis).
Este período andaluz de Carandell (desde 1917 a 1936) es de fructífera y frenética actividad viajera, investigadora, divulgadora, bibliográfica y educadora. En 1929 fue nombrado Académico Numerario de la Real Academia de Córdoba, miembro de la Real Academia Española de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, y uno de los geólogos más destacados en el XIV Congreso Geológico Internacional que se celebró en España en 1926. Fue autor, entre otras, de una excelente guía geológica de Córdoba, obra apreciadísima por los bibliófilos y que aún tiene vigencia a pesar del tiempo transcurrido.
A partir de 1930, según los recuerdos de Esther, su nieta, la salud de Carandell va a comenzar a debilitarse. La tuberculosis le ataca. Debe estar hospitalizado varias veces en Cercedilla. A mediados de julio de 1936, viaja con su suegro, Antonio Zurita, a Madrid. El 18 de julio llega cuando está en Madrid de paso hacia Cataluña para visitar a su familia. Allí les sorprende la Guerra Civil española. Su suegro logra regresar a Andalucía, pero Juan Carandell cree que puede llegar a su destino. Queda así separado geográficamente de su familia, a la que no volverá a ver más. El 30 de septiembre de 1937, fallece Juan Carandell en Pals, en casa de Francisco Trias, de tuberculosis. Sus restos descansan ahora en un nicho en el cementerio de Pals. Poco antes había escrito a un amigo: "La muerte, si ha de venir, vendrá; y me encontrará en la mejor actitud: trabajando".

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