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23.05.17

EXPOSICIÓN "Cervantes y el Quijote en la escuela"

Desde el 15 de mayo se puede visitar en la sala 1 del Museo Aguilar y Eslava la Exposición titulada "Cervantes y el Quijote en la escuela", sobre material y documentación bibliográfica del profesor de la Universidad de Málaga José Antonio Mañas Valle, quien coordina esta muestra junto a Antonio Suárez Cabello, archivero de la Fundación Aguilar y Eslava. En la citada exposición colaboran además el IES Aguilar y Eslava y el Museo de la Educación de Málaga de Alhaurín de la Torre.

La lectura en la escuela

Los libros de lecturas han ocupado un lugar relevante en la escuela, durante todo el siglo XIX y parte del XX, cuando el currículo escolar era sólo leer, escribir y calcular y algunas otras nociones elementales de moral, buenas costumbres y religión. Los libros de lecturas se conformaban como una materia escolar a través de la cual los alumnos recibían una buena parte de su cultura. Por eso, los libros de lectura constituyeron un verdadero género didáctico y su proliferación en las escuelas fue muy grande. Estos libros de lectura extensiva ocupaban gran parte de la actividad escolar hasta que, con la extensión de la enseñanza graduada y una mayor escolarización, se fueron implantando los libros relativos a las diversas materias de enseñanza.

Para dar una idea somera de la riqueza y del contenido de los libros de lecturas identifiquemos, al menos, algunos de ellos, como son las antologías literarias; las colecciones de fábulas; los libros de tema moralizante; los cuentos o narraciones infantiles; los catones, que en sus últimos momentos se empiezan a asemejar a las posteriores enciclopedias; los manuscritos, que contenían los documentos de uso más frecuente en la vida transcritos con los más variados caracteres de letras; y las lecturas para niñas, de intención moralizadora. Puede decirse que toda esta variedad de libros de lectura incorporan, cada vez más, elementos de cultura general por lo que acaban teniendo un acusado carácter instructivo.

La lectura del Quijote

Entre toda esa gama de libros de lectura hay uno que, sólo por su título y su autor, ha ocupado un lugar preferente en la escuela. Nos referimos a la obra cumbre de la Literatura española El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, cuya lectura seguía pautas parecidas a los demás libros de lectura, aunque su importancia le hacia tener una consideración diferente y especial. Y esto es así, porque ya en 1906, una Real Orden de 28 de noviembre, dispone que se lea el Quijote en las escuelas, “adaptando su lectura a la capacidad de los niños en la intima relación de su edad y de su vigor ético”. Otra Real Orden, de 12 de octubre de 1912, insiste en ello, considerando la lectura del Quijote como si fuera una materia de enseñanza más “dedicada a leer y explicar brevemente trozos de las obras cervantinas más al alcance de los escolares”.

Pero es con la promulgación del Real Decreto, de 6 de marzo de 1920, cuando se estableció la lectura obligatoria del Quijote en la escuela por ser “un arsenal copiosísimo que atesora sentencias, observaciones y verdades...”, porque en él se encuentran “frases y razonamientos que nos presentan de forma clara y comprensiva las normas corrientes de la vida cotidiana” y porque esta obra contiene el más “exuberante y riquísimo venero de nuestro espléndido idioma”, entre otras frases laudatorias que se le dedica al libro.

Metodología clásica de la lectura del Quijote

La lectura del Quijote, según esta normativa, debería “ocupar el primer cuarto de hora de cada día” al término del cual el Maestro debía explicar a los alumnos, con brevedad, y en términos adecuados a su edad, la significación e importancia del pasaje leído. Para poder cumplir con lo indicado se empezaron a publicar ediciones escolares abreviadas del Quijote que tuvieron su máxima expresión en los años de la postguerra española (1940-1960).

Esta normativa oficial la desarrollaban los Maestros –no todos- siguiendo una metodología muy efectiva de aquellos tiempos. La lectura se realizaba de forma colectiva, bien los alumnos sentados en sus pupitres o formando un amplio corro, en torno a la mesa del Maestro que iba indicando a quien correspondía leer en voz alta. Para que todos estuvieran atentos, no seguía el orden de colocación de los alumnos sino que los iba nombrando, según consideraba, con lo que se mantenía, constantemente, la atención de todo el grupo que nunca sabía en que momento el Maestro lo iba a nombrar para que continuara leyendo en el punto que lo dejó el anterior alumno.

El Maestro hacía continuas correcciones respecto a la correcta pronunciación y entonación, explicando el significado de los vocablos desconocidos y realizando preguntas acerca del contenido, asegurándose de la comprensión del texto por todos los alumnos. A veces, el Maestro leía personalmente determinados pasajes, entonándolos con énfasis, estando los alumnos muy atentos e impregnándose del modelo que se les ofrecía. Estas lecturas se completaban con los más variados trabajos y actividades escolares que de siempre han realizado los Maestros, además de las que proponían los libros. Tales son:

 Redacciones libres acerca de determinados pasajes, según las pautas que indicaba el maestro.
 Dibujos alusivos a personajes, lugares, escenas u objetos.
 Elaboración de murales, siguiendo técnicas y modelos muy conocidos, en época anteriores.
 Plasmación en el llamado Cuaderno de Rotación, de lecciones conmemorativas referidas al Día del Libro, Cervantes y el Quijote.
 Lectura dramatizada de determinados pasajes.
 Uso del diccionario para conocer el significado de los términos
 Copia del vocabulario específico

Las ediciones del Quijote para niños

Desde muy antiguo, El Quijote ha estado presente en variados productos o materiales que, dirigidos a los niños cumplían, el propósito de instruir deleitando, como los pliegos de aleluyas, colecciones de cromos, láminas, grabados e incluso caramelos, como los de la Casa Matías López, que en su envoltorio reproducían escenas del Quijote que se podían coleccionar. Al margen, también, de la escuela, y “a medida que se va afianzando la literatura infantil, como lectura libre y placentera, desvinculada de la actividad escolar, surgen tímidamente otros planteamientos editoriales que tratan de hacer la obra más atractiva para los niños y que permiten hablar ya de Quijotes infantiles, bien distintos de los escolares que habían monopolizado la edición durante más de medio siglo”.

Quiere decirse que, aparte de las ediciones propiamente escolares, muchas editoriales en sus colecciones infantiles y juveniles han editado y siguen haciéndolo, libros para niños, adolescentes y jóvenes, donde suelen primar las ilustraciones, y una atractiva presentación existiendo en la actualidad casi un centenar de ediciones. Muchas de ellas presentan episodios sueltos e independientes, historias paralelas de otros personajes y otros artificios editoriales que permiten tratar El Quijote de otra manera, utilizando formas nuevas para transmitirlo a los menores. Luego están las versiones que utilizan la historieta o el cómic, incluso los lenguajes audiovisuales, icónicos e interactivos.

Epílogo

El Quijote es un libro cuya grandeza y elevación se hace necesario que forme parte del currículo de los alumnos porque es parte importante de nuestra herencia cultural. Si no se hace en esta etapa de la enseñanza obligatoria será un atentado contra la igualdad de oportunidades, de gran parte de la población, que nunca habrá tenido contacto con parte del saber que alejado de la utilidad práctica sirve en cambio para pensar y reflexionar sobre las ideas nobles y valiosas que sustentan al ser humano, como son la libertad, el bien, la generosidad, la justicia, el amor, la dignidad … y que se encuentran esparcidas, con largueza, en las páginas de El Quijote, para aflorar con fuerza una vez que, al principio, nos hemos sentido atraídos por la comicidad o el enredo de los episodios y aventuras que contiene la obra.

Para terminar, uno de esos fragmentos que hacen grandioso este libro inmortal. Dice Don Quijote:

“La libertad Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”

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